En el golf se habla mucho del material y de los palos de golf a medida, de nuevas tecnologías y de promesas de distancia o tolerancia. Sin embargo, hay algo que rara vez se explica: el rendimiento de un palo de golf no depende únicamente del producto en sí, sino de cómo se adapta y se construye para cada jugador.
Muchos golfistas han vivido esta situación. Cambian de palos esperando una mejora clara y, sin embargo, las sensaciones no terminan de ser consistentes. Algunos días todo funciona, otros no tanto. La explicación no suele estar ni en el jugador ni en la calidad del material, sino en la coherencia del proceso que hay detrás.
Un palo de golf debería desaparecer durante el swing. No debería obligar al jugador a adaptarse a él, sino acompañar su movimiento natural para que pueda concentrarse únicamente en el gesto y en el objetivo.
Para entender por qué esto ocurre, es importante comprender que la adaptación del material no es un único momento, sino un proceso compuesto por varias etapas.
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